Las lesiones neurológicas en niños tienes unas características diferentes a los adultos. Las lesiones del encéfalo que ocurren antes de los tres años de edad recaen sobre un encéfalo no maduro, y esta maduración se paraliza, provocando lo que llamamos “parálisis cerebral”. Estos niños requieren una estimulación global que ayude no solo a su movimiento sino a la progresiva madurez de su sistema nervioso.

Otras lesiones que puedan afectar al movimiento condicionan el desarrollo y la organización motora del niño en crecimiento y deben ser abordadas de forma integral como por ejemplo la torticolis congénita infantil, la parálisis braquial obstétrica o el pie zambo congénito.

PARALISIS CEREBRAL

La Parálisis Cerebral

La parálisis cerebral incluye las lesiones del encéfalo acontecidas antes de los tres años de edad ya que interrumpen el proceso de maduración cerebral. Esto alberga un grupo muy heterogéneo de niños con diferentes lesiones, capacidad y posibilidades.

Existen múltiples clasificaciones de diferentes tipos de parálisis cerebral pero lo cierto es que cada niño es único y diferente, y solo a través de su estudio individual es posible establecer un tratamiento y abordaje adecuados.

Los niños con parálisis cerebral pueden tener muchas capacidades y pueden tener una evolución muy satisfactoria. Este tipo de lesiones es permanente y no es habitual que su recuperación sea completa. Es importante saber que el niño/a va a mejorar, puede aprender muchas cosas, pero también es importante quererle como es y no pretender que sea diferente. Hoy en día no existen terapias milagrosas ni tratamientos exclusivos que reviertan esta situación, es mucho más importante el día a día con el niño y tener en cuenta aspectos claves en el desarrollo.

  1. La postura: el mantenimiento de la postura es fruto de la progresiva maduración del sistema nervioso central. Desde sujetar la cabeza hasta mantenerse sentado o de pie. El mantenerse en determinadas posturas ayuda al niño a adquirir nuevas habilidades, sujetando la cabeza desarrolla el control de la vista y de su entorno, manteniéndose sentado libera las manos para manipular objetos. Además determinadas posturas facilitan la correcta formación y crecimiento de los huesos y músculos del niño. Muchos niños con parálisis cerebral no podrán mantener por si solo las posturas adecuadas en cada momento. Ayudándoles a mantener diferentes posturas, alineadas, y simétricas facilitamos que el niño pueda desarrollar otra habilidades. El programa postural es una parte esencial del tratamiento desde el primer momento.
  2. El desarrollo osteomuscular: Una característica fundamental de los niños es su crecimiento. Cuando crecemos nuestros huesos y músculos se adaptan a la función y movimientos que realizan cotidianamente. Un ejemplo muy claro lo tenemos en los huesos de las caderas que cambian completamente su forma desde el nacimiento hasta los primeros años de vida. Este cambio de forma está basado en dos acciones fundamentales la carga, el peso del cuerpo del niño cuando se empieza a poner de pie, y las acciones musculares. Por este motivo es importante comenzar un programa de bipedestación en los niños con parálisis cerebral, pese a que el niño no tenga madurez para mantenerse de pie, necesitamos que sus hueso y músculos reciban los estímulos adecuados para su correcto crecimiento. Los pies las, manos o los hombros tienen huesos y articulaciones que también cambian durante el crecimiento y requieren un control específico.
  3. El control motor: La adquisición del control motor será mas lento y necesitara de apoyos. Los hitos clásicos de control motor se desordenan en el niño con parálisis cerebral y no es adecuado intentar cumplirlos todos, con ello nos referimos por ejemplo al rastreo, el gateo y la marcha, que habitualmente se desarrollan en este orden, pues bien un niño que no tiene fuerza en un brazo no gateara pero podrá andar. Un niño con espasticidad en miembros inferiores no podrá hacer un gateo cruzado pero podrá dar pasos si le ponemos en pie. Muchas veces no se podrá conseguir que el niño/a ande, pero con los dispositivos adecuados podrán ponerse en pie y dar pasos, desplazándose de forma autónoma.
  4. El desarrollo emocional: Un aspecto que la mayor parte de las veces no se encuentra alterado es el aspecto emocional, el niño se ríe, llora, reconoce a sus padres, siente apego, se siente querido y cuidado. Todo esto es muy importante para que el niño tenga confianza en si mismo y en sus posibilidades. El niño necesita a sus padres en el rol de padres, mientras se cuida del niño se deberán aprender las pautas del correcto manejo, los padres deberán ayudarles a adoptar posturas correctas, presentarle situaciones que sirvan de estímulo a su desarrollo, etc… Deberán tener un aprendizaje con el fin de ofrecer los mejores cuidados a su hijo pero sin caer en el error de convertirse en terapeutas. El niño necesita más a sus padres que cualquier terapia.

La torticolis congénita infantil

La torticolis congénita es una lesión frecuente, sin embargo sus causas siguen en estudio. Si bien siempre se ha señalado como una mala postura mantenida en el útero, por lo tanto una deformación producida sobre una estructura sana, estudios relativamente recientes han encontrado alteraciones tisulares en las estructuras implicadas, lo que indicaría una malformación que lleva a la postura.

En cualquier caso tenemos la evidencia de que el tratamiento fisioterápico es un medio necesario en la recuperación.

La torticolis congénita se caracteriza por la inclinación de la cabeza hacia un lado y el giro de la cabeza al lado contrario y flexión, además se puede apreciar un abultamiento en el musculo esternocleidomastoideo del lado de la inclinación. EL 90% de los niños con tratamiento se recuperan en las primeras 3-4 semanas. Estas características son muy importantes ya que podemos encontrar niños que ladean la cabeza por razones diferentes y su pronóstico de recuperación puede ser diferente.

La parálisis braquial obstétrica

La parálisis braquial durante el nacimiento es una patología cada vez menos frecuente pero que todavía podemos encontrar en nuestro entorno, si bien los casos son menos y menos graves gracias al avance de las técnicas obstétricas.

La lesión se produce por una inclinación forzada de la cabeza durante el parto que provoca el estiramiento y en algunos casos la rotura de algunas raíces nerviosas, normalmente raíces anteriores que se encargan de llevar los estímulos a los músculos. Las raíces nerviosas salen de la columna vertebral, forman los nervios y llegan a sus destinos provocando la contracción muscular o recogiendo la información sensitiva.

La lesión más frecuente es la que afecta a las raíces mas altas de los nervios de la extremidad superior (c5 y c6), también llamada de Duchenne-Erb por los neurólogos que la describieron. Estos nervios se encargan de los movimientos del hombro y de la flexión del codo. Por lo que el bebe podrá agarrar y estirar el codo pero se le caerá el brazo. Una de las primeras cosas que debemos tener en cuenta es que hay que sujetar el brazo para evitar que se descuelgue cuando cogemos al bebe en brazos, o se mueve en la cuna, ya que podemos provocar nuevas elongaciones de las raíces. El tiempo y la posibilidad de recuperación dependerá de la gravedad de la lesión de las raíces, en la actualidad la mayor parte de estas lesiones son benignas y suelen recuperarse en los cuatro primeros meses, no obstante recomendamos mantener el tratamiento durante al menos seis meses para asegurar la inclusión del brazo en las actividades bimanuales y la simetría de la sedestacion. Si existe una rotura total de las raíces es necesaria la intervención quirúrgica, pero actualmente es una situación poco frecuente.

Menos frecuente es la lesión de las raíces inferiores (c7-c8) también llamada de Djerine. En esta situación el bebe pierde el movimiento de la mano y la extensión del codo, pero mantiene el movimiento del hombro y la flexión del codo. En este caso no es necesario evitar el descuelgue del brazo pero tendremos que mantener la mano y la muñeca en una posición funcional con una pequeña ortesis.

El Pie Zambo Congénito

El pie zambo congénito es una patología relativamente frecuente, al igual que ocurre con la torticolis congénita existen dudas acerca de su origen, y los últimos estudios apuntan hacia una alteración en la formación de los tejidos que conduce a la postura más allá de una deformación por la postura en el útero.

El pie zambo congénito tiene buen pronóstico en general, salvo grandes deformaciones, existen dos métodos de tratamiento que dan buenos resultados:

  1. EL METODO PONSETI

    Es desarrollado por el traumatólogo, consiste en escayolas progresivas que corrigen la torsión e inclinación del pie durante cinco semanas. . Las escayolas abarcan desde el pie hasta por encima de la rodilla. No se corrige la flexión plantar con las escayolas, se realiza una intervención quirúrgica mínimamente invasiva con la que se alarga el tendón de Aquiles. Este método presenta buenos resultados en la mayoría de los casos 90%, todos los pacientes reciben intervención quirúrgica. Las escayolas se cambian una vez a la semana con lo que solo son necesarias cinco visitas para su recambio. Después debe mantenerse una férula nocturna.

  2. EL METODO FRACÉS

  3. También llamado método fisioterápico, consiste en vendajes funcionales y tratamiento fisioterápico de estiramientos y movimiento activo protocolizado. Se realizan de tres a cinco sesiones a la semana en la que se retira la venda y se realiza el tratamiento y la movilización. El tratamiento suele durar ocho semanas y presenta buenos resultados en el 80% de los casos y el 60% de los pacientes no requieren intervención quirúrgica. El mayor inconveniente de este sistema radica en la necesidad de realizar entre 24 y 40 visitas de media, tiene la ventaja de restringir menos la movilidad del bebe durante los dos primeros meses, pero debido al elevado número de visitas es más difícil su seguimiento por los padres. Después del tratamiento debe mantenerse férula nocturna.

Fuente

Férula noctura

Antepie Aductus

Consiste en la deformidad de la parte más anterior del pie hacia la parte interna, generalmente tienen buen resultado con el tratamiento. El tratamiento consiste en la corrección con una bota ortopédica específica que tiene una articulación en medio y el tratamiento fisioterápico para estimular la musculatura que hace el movimiento contrario. Se pueden utilizar vendajes funcionales mientras se adquiere la bota ortopédica.